La captura de Nemesio Oseguera Cervantes, líder de una organización criminal, marcó un punto de inflexión en la relación de seguridad entre México y Estados Unidos. El despliegue en Jalisco, respaldado con inteligencia estadounidense y ejecutado por fuerzas mexicanas, detonó reacciones inmediatas desde Washington y abrió un nuevo escenario político para ambos gobiernos.