Como parte de esta estrategia, el proyecto incorpora cercas de acero de hasta nueve metros de altura, sensores terrestres, radares, cámaras, torres autónomas y sistemas de inteligencia artificial capaces de detectar movimientos y emitir alertas en tiempo real a la Patrulla Fronteriza. Mientras el gobierno estadounidense asegura que el esquema mejora la seguridad y optimiza el trabajo de los agentes, organizaciones civiles advierten sobre el impacto social, ambiental y económico de la obra.