La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), programada para el año 2026, se perfila como el episodio económico y político más trascendental para la relación bilateral en la próxima década. Aunque la discusión pública suele concentrarse en temas comerciales tradicionales como los aranceles, las reglas de origen o la relocalización industrial (nearshoring), el verdadero eje de tensión se encuentra en el capítulo laboral, el cual ha dejado de ser un componente secundario para convertirse en un factor estratégico de la competitividad regional.