El montaje del Super Bowl LX recreó espacios reconocibles de la vida latinoamericana: barberías, bodegas, puestos de comida, mesas de manicura, bodas colectivas, juegos de dominó y automóviles antiguos que evocan el esfuerzo migrante. La propuesta escénica evitó la postal turística y apostó por un retrato emocional de la cotidianidad.