

Bad Bunny llevó el español, la migración y la identidad latina al medio tiempo del Super Bowl LX con símbolos culturales y mensajes
La presentación de Bad Bunny en el medio tiempo del Super Bowl LX trascendió el espectáculo musical para consolidarse como un mensaje cultural y político de alcance global. Con un repertorio mayoritariamente en español, símbolos de la vida cotidiana latinoamericana y referencias explícitas a la migración, el artista colocó la identidad latina en el centro del evento televisivo más visto del mundo.
El show transformó el Levi’s Stadium de Santa Clara en una plataforma simbólica donde música, cultura urbana y representación continental se entrelazaron ante millones de espectadores.
El montaje del Super Bowl LX recreó espacios reconocibles de la vida latinoamericana: barberías, bodegas, puestos de comida, mesas de manicura, bodas colectivas, juegos de dominó y automóviles antiguos que evocan el esfuerzo migrante. La propuesta escénica evitó la postal turística y apostó por un retrato emocional de la cotidianidad.
La “casita” rosada, presente en conciertos recientes del artista, funcionó como un manifiesto visual. Inspirada en viviendas de Puerto Rico, simbolizó pertenencia, resistencia y memoria colectiva. Incluso los postes de luz intermitentes remitieron a los apagones recurrentes en la isla y en otras regiones de América Latina, incorporando referencias estructurales sin recurrir a discursos directos.
Bad Bunny eligió interpretar su repertorio casi por completo en español, utilizando el inglés únicamente para pronunciar “God bless America”. La decisión reforzó el idioma como elemento político y cultural dentro de un espectáculo históricamente dominado por la cultura anglosajona.
Durante el Super Bowl LX, canciones como “Tití me preguntó”, “NUEVAYoL” y “El apagón” articularon una narrativa ligada a la experiencia migrante y a la identidad urbana. La presencia de invitados como Lady Gaga y Ricky Martin reforzó el carácter transnacional del espectáculo y amplió su alcance simbólico.
Uno de los momentos centrales ocurrió cuando el artista pronunció “Dios bendiga a América” y comenzó a nombrar países del continente mientras ondeaban distintas banderas. El gesto cuestionó el uso restringido del término “americano” y lo resignificó como una identidad continental plural.
La escena se reforzó con un balón que llevaba la inscripción “Together, We Are America”, sintetizando el mensaje de unidad que atravesó todo el Super Bowl LX. Más adelante, al pronunciar “Seguimos aquí”, el espectáculo se dirigió tanto a la diáspora latina en Estados Unidos como a quienes habitan el resto del continente.
El medio tiempo no puede entenderse sin la trayectoria del artista. Desde sus inicios en SoundCloud en 2013, Bad Bunny ha construido una carrera vinculada a la identidad puertorriqueña y al compromiso social. Su participación en las protestas que derivaron en la renuncia del exgobernador Ricardo Rosselló en 2019, así como sus críticas a la privatización y a la crisis energética en temas como “El apagón”, consolidaron una narrativa política constante.
Su álbum Debí Tirar Más Fotos, ganador del Grammy a Álbum del Año y dedicado a Puerto Rico, amplificó ese discurso en un contexto marcado por tensiones migratorias y políticas restrictivas en Estados Unidos. En el Super Bowl LX, esa trayectoria se tradujo en símbolos, música y decisiones escénicas.
El género que llevó al artista hasta el escenario del Super Bowl LX también tiene raíces políticas. El trap latino surgió como una expresión contracultural ligada a la identidad urbana y a la ruptura de jerarquías raciales y lingüísticas.
Colaboraciones como “Ahora me llama” con Karol G, así como el éxito global de “I Like It” junto a Cardi B y J Balvin en 2018, marcaron un camino que permitió a Bad Bunny irrumpir en el mercado global sin abandonar el español. Su participación previa en el Super Bowl 2020 preparó el terreno para una presentación que ya no buscó adaptarse, sino redefinir el espacio.
El show tuvo una duración aproximada de 13 minutos, pero concentró símbolos de fuerte carga política y emocional. La boda colectiva evocó una idea recurrente en la narrativa del artista: el amor como fuerza frente al odio. La aparición de un niño en escena, acompañado por su familia, representó la infancia del propio intérprete en Puerto Rico.
El cierre del Super Bowl LX retomó el balón con la frase “Juntos somos América”, reforzando la idea de que la identidad latinoamericana forma parte esencial del continente y de la cultura popular estadounidense.



