Durante más de una década, el tren México-Querétaro fue uno de los proyectos de infraestructura más ambiciosos y, al mismo tiempo, más postergados de México. Concebido originalmente para conectar la Ciudad de México con Querétaro mediante un sistema ferroviario de pasajeros de alta velocidad, el proyecto atravesó cancelaciones, cambios de administración y nuevas evaluaciones técnicas que retrasaron su desarrollo durante años. Mientras tanto, el crecimiento económico y demográfico del Bajío continuó incrementando la presión sobre la infraestructura carretera y evidenciando la necesidad de nuevas alternativas de movilidad.
La reactivación del proyecto durante la administración de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, representa algo más que dar continuidad a una obra pendiente. También simboliza el regreso del transporte ferroviario de pasajeros como una política de infraestructura con alcance nacional. Durante décadas, el desarrollo del transporte interurbano en México se concentró principalmente en las carreteras. Hoy, la recuperación de los trenes de pasajeros plantea un cambio de visión: utilizar la infraestructura ferroviaria para fortalecer la integración regional, ampliar la competitividad y ofrecer nuevas alternativas de movilidad frente al crecimiento acelerado de las ciudades.
La elección del corredor México-Querétaro no es casual. Esta ruta conecta dos de las regiones con mayor concentración de actividad económica del país. A lo largo de este eje convergen industrias como la automotriz, la aeroespacial, la manufacturera y la logística, además de una creciente actividad tecnológica impulsada por la relocalización de empresas derivada del fenómeno del ‘nearshoring’. Mejorar la conectividad entre ambos polos no solo reduce tiempos de traslado; fortalece uno de los corredores productivos más importantes de México. Sin embargo, la trascendencia del proyecto rebasa los 225 kilómetros que recorrerá el tren. Las grandes infraestructuras ferroviarias modifican la manera en que las ciudades se expanden, impulsan nuevos centros de inversión, fortalecen el desarrollo inmobiliario y obligan a replantear la movilidad urbana. En distintas partes del mundo, el ferrocarril ha dejado de entenderse únicamente como un medio de transporte para convertirse en una herramienta de planeación territorial y competitividad económica.
Querétaro enfrenta precisamente ese momento. La entidad mantiene uno de los mayores ritmos de crecimiento del país, concentra inversión nacional e internacional y forma parte de una región estratégica para la industria mexicana. Bajo este contexto, el tren México-Querétaro puede convertirse en el proyecto que articule una nueva etapa de desarrollo para el Bajío, siempre que su construcción vaya acompañada de planeación urbana, infraestructura complementaria y políticas públicas capaces de aprovechar el potencial que representa.
Más que inaugurar una nueva línea ferroviaria, México enfrenta la oportunidad de demostrar que la infraestructura puede convertirse en una herramienta para impulsar el desarrollo económico, mejorar la movilidad y elevar la competitividad de una región. Ese será, en realidad, el verdadero legado del tren México-Querétaro.
La llegada del tren México-Querétaro representa una oportunidad para posicionar a Querétaro como uno de los principales motores económicos del país. Su impacto no se limitará a reducir los tiempos de traslado entre la capital del país y el Bajío; también podría consolidar un entorno más competitivo para la industria, la logística, el turismo y los servicios, sectores que durante las últimas décadas han impulsado el crecimiento sostenido de la entidad.
Para Luis Mauricio Juárez Sánchez, doctor en Administración, la nueva infraestructura ferroviaria constituye una herramienta estratégica para ampliar la conectividad regional y fortalecer la capacidad del estado para atraer inversión nacional e internacional. Desde su experiencia, un sistema de transporte más eficiente puede traducirse en empleos mejor remunerados y especializados, un mayor dinamismo para sectores productivos y un incremento en la actividad económica derivado de una mejor articulación entre empresas, trabajadores y mercados.
El especialista advierte, sin embargo, que el potencial del proyecto dependerá de la capacidad institucional para responder al crecimiento que puede generar. Ampliar la infraestructura pública, fortalecer los servicios, mantener condiciones de seguridad y preparar capital humano competitivo serán factores indispensables para que los beneficios del tren se traduzcan en desarrollo sostenible.
“El éxito del tren México-Querétaro no debe medirse únicamente por el número de empleos que genere, sino por mejores salarios, mayor inversión, crecimiento empresarial y un incremento en el bienestar social”, afirma Juárez.
Su planteamiento coincide con la experiencia de otros corredores ferroviarios internacionales, donde la infraestructura funciona como un detonador de desarrollo únicamente cuando forma parte de una estrategia económica integral. El transporte facilita la movilidad; la planeación determina el impacto.
Para Querétaro, el desafío consiste precisamente en convertir la nueva conectividad en una ventaja competitiva permanente. Si el crecimiento económico se acompaña de planeación territorial, fortalecimiento institucional e inversión estratégica, el tren México-Querétaro no solo modificará la manera de viajar entre dos ciudades: contribuirá a redefinir el papel del Bajío como uno de los principales polos de desarrollo de México.
Toda gran obra de infraestructura atraviesa una etapa en la que sus beneficios aún no son visibles, pero sus efectos ya forman parte de la vida cotidiana. En Querétaro, ese momento ya comenzó. Los cierres parciales, las rutas alternas y los cambios en la circulación sobre algunas de las principales vialidades del estado representan la manifestación más evidente de una transformación que, aunque temporalmente modifica la movilidad, busca responder a una necesidad que se ha construido durante décadas: ofrecer una alternativa de transporte para una región cuyo crecimiento económico y poblacional ha superado la capacidad de su infraestructura vial.
Dentro de las principales adecuaciones para la construcción del tren México-Querétaro se encuentra uno de los corredores con mayor carga vehicular de la entidad. De acuerdo con la Secretaría de Movilidad del municipio de Querétaro, el flujo diario sobre Bernardo Quintana disminuyó alrededor de 60 por ciento, al pasar de aproximadamente 150 mil vehículos a cerca de 90 mil unidades. Los desvíos y la reorganización del tránsito obligaron a miles de automovilistas a modificar sus recorridos habituales, evidenciando que una obra de esta magnitud no solo transforma el territorio donde se construye, sino también la manera en que una ciudad funciona mientras se desarrolla.
Sin embargo, detrás de las afectaciones temporales existe un desafío técnico considerablemente más complejo que la colocación de vías férreas. Para Daniel Pérez García, coordinador de Ingeniería Civil de la Universidad Anáhuac Querétaro, el principal reto consiste en integrar un sistema ferroviario de pasajeros dentro de uno de los corredores urbanos, industriales y logísticos más importantes del país sin comprometer la operación cotidiana de una ciudad que continúa creciendo.
“El principal reto es integrar un tren de alta velocidad dentro de un corredor que ya representa una intensa actividad urbana, industrial y logística. No se trata únicamente de colocar vías; también hay que resolver aspectos como la geotecnia del terreno, el diseño de puentes y viaductos, el manejo de escurrimientos y la interacción con la infraestructura carretera existente”, explica Pérez García.
El especialista señala que la ingeniería del proyecto no puede entenderse únicamente desde la perspectiva estructural. La estabilidad del terreno, el comportamiento hidráulico, la construcción de puentes y viaductos, así como la interacción con la red carretera existente forman parte de un mismo sistema cuya finalidad es garantizar una operación segura durante las próximas décadas. En una ciudad donde convergen corredores industriales, parques tecnológicos y una intensa actividad logística, cada decisión constructiva repercute directamente en la movilidad regional.
Pero el éxito del proyecto no dependerá únicamente de la calidad de la obra. También estará ligado a la capacidad para integrar el tren con el resto del sistema de transporte. Las experiencias internacionales muestran que las estaciones ferroviarias funcionan como verdaderos motores de desarrollo cuando permiten una conexión eficiente con autobuses, transporte urbano, ciclovías, espacios peatonales y servicios públicos. De lo contrario, corren el riesgo de convertirse en infraestructura aislada, con un impacto mucho menor al esperado.
“Priorizar únicamente al automóvil sería un gran error. Las estaciones deben integrarse con todos los medios de transporte para que realmente funcionen como nodos de movilidad”, sostiene coordinador de Ingeniería Civil.
Esta visión adquiere una relevancia especial en el contexto actual de México. Durante décadas, la inversión pública privilegió el desarrollo carretero como principal herramienta de conexión regional. El regreso de los trenes de pasajeros representa un cambio de paradigma que busca diversificar la movilidad y fortalecer corredores estratégicos para la economía nacional. El tren México-Querétaro forma parte de esa estrategia y su desempeño podría convertirse en una referencia para futuros proyectos ferroviarios del país.
Para Daniel Pérez, la evaluación del proyecto no deberá realizarse únicamente cuando concluyan las obras. Indicadores como la reducción de los tiempos de traslado, la disminución del tráfico sobre la autopista México-Querétaro, la integración eficiente con otros sistemas de transporte, la reducción de emisiones contaminantes y un crecimiento urbano ordenado permitirán determinar si la infraestructura cumplió con el objetivo para el que fue concebida.
“La infraestructura debe responder a las necesidades de la sociedad durante los próximos 50 años. Ese será el verdadero indicador de éxito del tren México-Querétaro”, declara.
La movilidad y el desarrollo urbano mantienen una relación inseparable. Cuando una región mejora su conectividad, también modifica la forma en que las personas deciden dónde vivir, dónde invertir y dónde establecer nuevos centros de actividad económica. Esa transformación ha acompañado históricamente a las grandes infraestructuras ferroviarias y todo apunta a que el tren México-Querétaro seguirá una dinámica similar.
La reducción en los tiempos de traslado entre la Ciudad de México y Querétaro ampliará el radio de influencia de ambas ciudades y fortalecerá uno de los corredores económicos más importantes del país. En un contexto marcado por la relocalización de empresas y el crecimiento del Bajío como polo industrial, la nueva infraestructura puede convertirse en un factor que incremente el atractivo de Querétaro para la inversión, el desarrollo habitacional y la expansión de servicios.
En la opinión de Miguel Ángel Vega Cabrera, director de Supraterra, la conectividad ha sido uno de los principales elementos que explican el crecimiento sostenido de la entidad. Para Vega Cabrera, el tren México-Querétaro eliminará una de las últimas barreras que aún condicionan el desarrollo regional: la percepción de distancia entre Querétaro y la capital del país.
“La obra del tren México-Querétaro va a beneficiar mucho, porque va a romper esa barrera de distancia que existe entre la Ciudad de México y Querétaro”, afirma el director Vega.
El empresario explica que una proporción importante de quienes adquieren vivienda en Querétaro proviene de otras entidades, particularmente de la Ciudad de México. Una conexión ferroviaria más eficiente puede fortalecer esa tendencia y ampliar la demanda de vivienda, oficinas, hoteles, comercios y espacios destinados a nuevas actividades económicas.
No obstante, advierte que el crecimiento inmobiliario no debe entenderse únicamente como un incremento en la construcción de desarrollos habitacionales. La consolidación de Querétaro como una metrópoli exige que la expansión urbana vaya acompañada de infraestructura, servicios públicos y una planeación territorial capaz de mantener el equilibrio entre competitividad y calidad de vida.
“La planeación es la base para que un crecimiento tan consolidado como el que tenemos hoy pueda generarse de una manera ordenada y no de forma forzada”, sostiene Miguel Ángel Vega.
La experiencia internacional demuestra que las estaciones ferroviarias suelen convertirse en nuevos polos de desarrollo. Alrededor de ellas surgen centros corporativos, comercios, servicios, espacios públicos y proyectos de uso mixto que modifican la estructura de las ciudades y generan nuevas centralidades económicas. Más que incrementar la plusvalía del suelo, estas transformaciones redistribuyen la actividad urbana y amplían las oportunidades de inversión.
Querétaro podría experimentar una transformación similar si el desarrollo asociado al tren se acompaña de una estrategia de ordenamiento territorial capaz de equilibrar inversión, infraestructura y calidad de vida. La conectividad ferroviaria ampliará las oportunidades de crecimiento, pero la planeación será la que determine si ese crecimiento fortalece la competitividad de la región o reproduce los desafíos urbanos que hoy enfrentan otras metrópolis del país. Más que incrementar la plusvalía del suelo, este proyecto tiene el potencial de redefinir la manera en que el Bajío continuará desarrollándose durante las próximas décadas.
Toda gran obra de infraestructura implica una transformación del territorio. En el caso del tren México-Querétaro, ese cambio no solo será visible en la movilidad o en el desarrollo urbano, sino también en el entorno natural. La construcción del corredor ferroviario representa uno de los principales retos ambientales del proyecto, al intervenir ecosistemas, modificar el paisaje y generar impactos que deberán mitigarse durante las distintas etapas de ejecución.
La Manifestación de Impacto Ambiental (MIA), identificada con la clave 22QE2025V0007 y evaluada por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), señala que la fase de construcción concentrará la mayor parte de las afectaciones ambientales. Entre ellas destaca la remoción de 90.31 hectáreas de vegetación forestal, necesaria para desarrollar distintos frentes de obra y adecuar la infraestructura ferroviaria.
El estudio identifica 28 impactos ambientales, de los cuales 21 fueron clasificados como negativos, incluyendo afectaciones moderadas, severas y una de carácter crítico. Las principales consecuencias previstas se relacionan con la pérdida temporal de cobertura vegetal, alteraciones en la calidad del suelo, modificaciones del paisaje y afectaciones sobre la fauna presente en la zona de influencia del proyecto.
Durante la construcción también se prevé la generación de polvo y partículas derivadas de excavaciones, procesos de erosión, modificaciones en la infiltración natural del agua, cambios temporales en la calidad del aire y riesgos asociados al manejo de residuos y materiales de construcción. Se trata de impactos comunes en proyectos ferroviarios de gran escala, cuya magnitud dependerá del cumplimiento de las medidas de prevención y mitigación establecidas por la autoridad ambiental.
El Gobierno federal sostiene que una parte importante de estos impactos podrá reducirse porque gran parte del recorrido aprovechará el derecho de vía de la infraestructura ferroviaria existente, evitando la apertura de nuevos corredores sobre ecosistemas conservados. Asimismo, el trazo no atraviesa Áreas Naturales Protegidas, condición que disminuye el riesgo de afectaciones sobre zonas de alto valor ambiental.
En Querétaro, las obras también implicarán la remoción de alrededor de 100 árboles en zonas como Bernardo Quintana, Las Hadas y la avenida Corregidora. Las autoridades estatales y municipales anunciaron que esta intervención estará acompañada por un programa de reforestación equivalente, además de acciones de compensación ambiental contempladas dentro del proyecto.
Sin embargo, el verdadero balance ambiental del tren México-Querétaro no podrá realizarse únicamente durante la etapa de construcción. Su impacto deberá evaluarse cuando el sistema entre en operación. Si la nueva infraestructura logra disminuir la dependencia del automóvil, reducir emisiones contaminantes y ofrecer una alternativa eficiente de transporte regional, parte de las afectaciones temporales podrían compensarse mediante beneficios ambientales de largo plazo. La sostenibilidad del proyecto dependerá, en última instancia, de la capacidad para equilibrar desarrollo e infraestructura con la conservación del entorno.
Una obra tan grande como el tren México-Querétaro representa mucho más que una nueva línea ferroviaria. Su construcción refleja el intento de recuperar al transporte de pasajeros como una herramienta de desarrollo nacional y de responder a los desafíos que plantea una región cuyo crecimiento económico ha superado, en muchos sentidos, la capacidad de su infraestructura.
La obra modificará la movilidad, impulsará nuevas oportunidades de inversión, influirá en el mercado inmobiliario y obligará a replantear la forma en que Querétaro continuará expandiéndose durante las próximas décadas. Al mismo tiempo, impondrá retos ambientales, urbanos y sociales que exigirán una planeación capaz de equilibrar crecimiento y sostenibilidad.
Después de más de 10 años de espera, el proyecto dejó de ser una promesa para convertirse en una realidad. A partir de ahora, el desafío ya no consiste únicamente en construir 225 kilómetros de vía férrea, sino en demostrar que una obra de infraestructura puede convertirse en un instrumento para elevar la competitividad, fortalecer la integración regional y mejorar la calidad de vida.
Más que conectar la Ciudad de México con Querétaro, el tren México-Querétaro tiene el potencial de redefinir la manera en que el Bajío crecerá durante el siglo XXI. Su legado no dependerá únicamente de la velocidad de sus trenes, sino de la capacidad del país para convertir esta infraestructura en una oportunidad de desarrollo sostenible para las próximas generaciones.
Texto: Agustín Morales
Foto: Joaquín M. Lee


